miércoles, 7 de noviembre de 2012

PORQUE SOMOS FEDERALISTAS






El doble discurso de los gobiernos centralistas que han sufrido las provincias, en la que incluyo al kirchnerismo gobernante, desnudan una situación que viene de lejos y que explican males de antaño y situaciones de ahora.
Muy a pesar del doble discurso actual sobre este tema, la relación entre el gobierno central y las provincias, sigue sin cambiar fundado en la absorción de recursos fiscales de parte del poder central en detrimento de las economías provinciales, característica que no va a cesar si no se establece en un futuro inmediato una equilibrada ley de coparticipación que atienda esta necesidad impostergable de las provincias.
Aquella lejana voluntad de Alberdi que pensó un federalismo político y económico basado en la equidad entre provincias y nación, en la descentralización del país y la división de poderes como herramienta de control para evitar el exceso del poder central no se ha cumplido.
Nunca en la historia del país existió una apropiación y concentración de los recursos de las provincias en manos de un gobierno nacional como en la actualidad.
Basta decirles que el actual gobierno nacional se queda casi con el 70 % del total de lo recaudado por el estado nacional y solo un 30 % de la recaudación va hacia las provincias. Este solo hecho hecha por tierra la falacia del discurso “federalista” de este gobierno.
Cuando los Ex Presidentes Menem y Alfonsín pergeñaron lo que se denominó el Pacto de Olivos, factores institucionales se agregaron a esta distorsión que estamos explicando. El aumento de la representación en el Senado, la eliminación de los colegios provinciales, y la eliminación del colegio electoral en la elección presidencial, produjo un aumento desmedido de la influencia de distritos electorales con peso electoral a raíz de su realidad demográfica en detrimento de las provincias chicas.
Decia el Dr. Amit hace 30 años atrás, que ya advertía con lucidez este proceso de “Unitarismo” en las formas de gobierno, “..Que el Puerto de Buenos Aires y sus 300 kilómetros de influencia gobernarían fácticamente y por encima de formas institucionales al país”, y fueron palabras proféticas. Hoy el conurbano y la capital del puerto por su importancia demográfica son los elementos que marcan los rumbos de la política y la economía en el país.
Así el debate sigue abierto y pendiente acerca de la coparticipación entre Nación y provincias desde la reforma de 1994, que establecía claramente el plazo de dos años para el reparto equitativo entre el gobierno nacional y las provincias. Esto tampoco ocurrió, con la consiguiente incertidumbre de los erarios provinciales que llevan 15 años de olvidos de aquella promesa y que por otra parte explica la degradante fotografía mendicante de nuestros gobernadores en pos de ayuda de la Nación.
La realidad actual muestra dos países distintos en un mismo territorio, producto por supuesto de una relación Nación Provincia catastrófica.
Uno el de las provincias con sus economías en estado de agotamiento terminal, y el otro el de la Nación que exhibe su superávit como un logro propio, cuando el mismo, es el resultado del apoderamiento de recursos de las economías del interior.
Hace ya rato que el interior del país está afuera de las metas macropolíticas concentradas en planificar el eje capital – puerto - conurbano que son las variables del nuevo orden nacional.
Así vimos desde el gobierno del Dr. Menem aquel superregalo a favor del conurbano bonaerense bajo el pomposo título de Fondo de Reparación en donde las provincias vía el presupuesto nacional concurrían a sostenerlo.
Pero a partir de la crisis del 2001 esta injusticia se hizo mucho más evidente; se generaron dos cargas impositivas cuya característica no era coparticipable: el impuesto al cheque y la reintroducción de las retenciones a las exportaciones en la Argentina.
Fue tan evidente la falacia de este esquema tributario, que el país prácticamente explotó.
Mas allá de la controversia del monto del tributo, su incidencia en el presupuesto o la naturaleza confiscatorio del mismo, lo que apareció en el escenario nacional fue un claro pronunciamiento de casi todo el interior a favor del federalismo; donde hombres y mujeres levantaron estas banderas históricas advertidos que sin federalismo económico no hay destino para los pueblos del interior.
Seguramente también, fue el efecto de la humillación larvada de nuestros pueblos ante años de injusticias perpetradas por la Nación.
Es que el interior fue el “pariente pobre”, del concierto nacional, lo consideraban muy de vez en cuando ,merced a su dilatada territorialidad.
Decía Nicolás Anchorena, que entre otras cosas fue socio de Rosas, y cuando se refería a las provincias con desprecio “esos trece ranchos miserables”.
El federalismo quiere empezar a pelear frente a ese centralismo ciudad – puerto – conurbano que nos agobia desde Pavón hasta nuestros días con una matriz perversa que nos empobrece.
Por eso es que levantamos la voz del Movimiento Federalista Pampeano que fiel a su tradición denuncia con valentía este atropello histórico de la Nación a sus provincias.
Al mismo tiempo pedimos que hombres y mujeres de nuestra provincia acompañen estos reclamos que son de todos sin exclusiones.
Hace cuarenta largos años venimos bregando para que cese esta injusticia flagrante, esta desigualdad manifiesta que anula el porvenir de nuestros hijos.
Nuestro Movimiento cree que ha llegado el momento de actuar en consecuencia y piensa entre otras cosas que el próximo congreso que asuma el 10 de Diciembre debe remover las causas, los obstáculos que impiden revertir esta situación.
La Argentina está madura para que una nueva relación Nación provincia se efectivice. Requiere a nuestro juicio de una nueva y equilibrada ley de coparticipación, donde los recursos a distribuir no sean una graciosa concesión del gobernante de turno, sino el resultado de una Ley emanada del Congreso Nacional.
Ese es nuestro ferviente deseo y nuestra lucha y que explican por sí solos, “ porque somos federalistas”.

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