.
Este jueves pasado el país se vio
sorprendido por bulliciosas manifestaciones en Bs As y en distintas ciudades
del país, detonando uno de los hechos políticos más importantes de la era
kirchnerista , que saca a la luz pública el importante enojo de vastos sectores
sociales con el gobierno de Cristina Kirchner.
Las plazas del país se fueron llenando
lentamente de una masa de desencantados
que comenzaba a entender la monumental estafa electoral del gobierno del 54%,
el” ir por todo” que , nunca fue anunciado en la campaña electoral y hoy es un
objetivo del gobierno.
Sirvió para dejar al descubierto tópicos que desenmascaran definitivamente al
gobierno y a su “relato”.
Cuando se votó la ley de medios por ejemplo, uno de los argumentos que se empleó profusamente fue,
que la ley venía a contar la verdad de lo que ocurría en la realidad del país y a democratizar la información
pública.
Lejos de eso los órganos oficialistas, la
televisión fundamentalmente y los diarios afines, se dedicaban en el momento
de las manifestaciones de este jueves
histórico a mostrar imágenes de
plazas vacías o de grupúsculos humanos de poca importancia que deambulaban sin
destino; o a ignorar lisa y llanamente
lo que estaba ocurriendo mientras el país hervía de indignación y
aumentaba, minuto a minuto, la masividad de las mismas.
Era una desmentida rotunda a lo que
preconizaban desde la ley de Medios, que es la de mostrarle al país la realidad
tal cuál es.
En esta ocasión fue más importante proteger
el “relato” que atender la realidad
Cuando se dieron cuenta que con eso no
alcanzaba, empezó una grosera interpretación de lo que estaba ocurriendo, y
con increíble liviandad y mala fe se le atribuyó a las movilizaciones un
enojo vinculado con el tema del cepo
cambiario y otras trivialidades.
Queda claro
a raíz de este “campanazo”, que la Ley de Medios fue un subterfugio para
tomar el control de los medios y acallar lo que ocurre en la realidad, cuando
no le conviene al Gobierno.
Ante el estupor del cual aún no sale ,el
gobierno entró en pánico y pensó inconscientemente en la inutilidad de casi
3.OOOmillones que gasta en publicidad para alinear a un sinnúmero de medios en
su prédica oficialista ,ya que en pocos minutos las redes sociales y la gente
los pasó por arriba.
Entonces
ya en una segunda etapa, se dedicaron a satanizar esta importante manifestación política de
rebeldía, encasillándola, en enfoques
ideológicos que asustan por la desconexión con la realidad.
Abal Medina en un derroche de talento le adjudicó a las demandas una
conexión “extranjerizante”,al puntualizar “que esta gente piensa más en Miami
que en San Juan”
El discurso
oficial ponía rumbo hacia el “dibujo” mediático, que alertaba sobre las
movilizaciones que obedecían a “ricos
insensibles” del barrio Norte y con el
auspicio soterrado e infaltable de
Magnetto y Clarín.
La culminación enajenada de esta
interpretación por parte de las usinas de imagen del Gobierno la dio
finalmente Estela Carlotto , al arrimar su opinión sobre la
calidad del ropaje que vestían los concurrentes a la manifestación.
“Yo vi gente bien vestida en los actos”
dijo Estela, la definición trataba de decirle a la gente, con eufemismo, que la buena ropa de esta gente, denotaba importantes
ingresos y consiguientemente sus ideales distaban de ser progresistas.
La descalificación en el análisis de la concurrencia a estas
concentraciones, es de una pobreza patética que habla de la frivolidad del
discurso, de su voluntarismo y de la ausencia de herramientas teóricas para
abordarlo en profundidad.
Por el contrario, lo que se vio fueron
carteles de todo tipo y tamaño que postulaban
la no reelección de Cristina, la falta de una política contra la
inflación y la desprotección frente al flagelo de la inseguridad.
Pero yendo más al fondo de la cuestión, la
gente expresó su cansancio hacia las mentiras del discurso oficial que por
momentos se vuelve delirante, tratando de convencer a la sociedad, que se puede
comer por 6 pesos al día.
El gobierno debe reflexionar sobre esta
catarsis social o le irá mal, porque nadie puede cabalgar mucho tiempo contra
la realidad y menos cuando se invoca la representación de las mayorías.
Los antiguos griegos sabios y duchos en estas lides, aconsejaban que entre la realidad y la
fantasía deberá optarse siempre por la
realidad, aconsejada por la razón y
lejos de artificios ideológicos.
Jorgr Simpson

No hay comentarios:
Publicar un comentario